Las sombras de female (II): Construcción de una categoría comercial: de María Dueñas a E. L. James

Las sombras de female (II): Construcción de una categoría comercial: de María Dueñas a E. L. James

Las sombras de “female” Parte II

Al contrario de lo que pasaba en los años 90, donde el supuesto éxito de esa supuesta literatura femenina no se correspondía con las cifras reales de ventas, ahora las listas de libros más vendidos, sempiterna hegemonía masculina,  sí están copadas por mujeres: E.L. James, María Dueñas, Sylvia Day, Megan Maxwell, J.K. Rowling… La publicación de la primera obra de María Dueñas, El tiempo entre costuras, se convierte en junio de 2009 en un fenómeno de una magnitud sin precedentes. Una obra que bate todos los récord comerciales hasta convertirse en un best-seller, permanece en la lista de más vendidos desde su aparición, acumula más de un millón de ejemplares vendidos (cifra vedada en nuestro país a escritores masculinos como Arturo Pérez Reverte o Carlos Ruiz Záfón) y se compran los derechos para adaptarla a la televisión. Su éxito proviene de un público mayoritariamente femenino, el público más fiel y el que más lee, también el que más interesa a las editoriales. Y es ahí donde radica  uno de los principales factores explicativos del boom de la literatura escrita por mujeres.

Un boom llamado María Dueñas

La obra de María Dueñas se convierte en paradigma, en modelo a imitar, no ya en la creación, sino en la edición y publicación y, paradójicamente, no por su nivel de excelencia literaria, sino por una serie de fórmulas narrativas (motivos que dirían los formalistas rusos), que desde el punto de vista comercial se perfilan como salvaguardas del éxito entre un público pretendida y supuestamente femenino. Podemos rastrear esos motivos como una huella o marca intertextual en las exitosas obras escritas por mujeres tras el boom de Dueñas: la protagonista es siempre una mujer que a lo largo de la historia que se nos cuenta experimenta un crecimiento personal, un proceso de autoafirmación que refuerza su autonomía y su rol social en contraposición al hombre; preferencia por ejes narrativos históricos, así como por las sagas familiares; vivencias transformadoras en sitios exóticos como es el Tánger colonial de El tiempo entre costuras;  el amor y los sentimientos, las pasiones,  como otro eje narrativo central. Es entonces cuando asistimos al viraje en el marketing y en el plan comercial de las editoriales que apuestan por autoras, sean nacionales o extranjeras: obras que lleven esa huella o remitan de algún modo a ella. Si bien al cobijo del boom de la novela negra nórdica antes habían destacado autoras  como Mari Jungstedt (Nadie lo ha visto, 2003) o Camilla Lackberg (La princesa de hielo, 2007), no es hasta el éxito de Dueñas que se ven catapultadas más allá,  enmarcadas dentro de las escritoras superventas. Y lo mismo sucede un año después con Sarah Lark y En el país de la nube blanca, donde también  confluyen el protagonismo de la identidad femenina, la saga familiar con lo histórico (el Londres de 1852), el exotismo (Nueva Zelanda) y el tema amoroso y sentimental. Este éxito desemboca también en la apuesta comercial y el resurgimiento del género romántico en todas sus vertientes.

Más allá de la romántica

En la línea más literaria, la que queda fuera de la propia categoría de novela romántica,  destacan Luz Gabás, quien  publica su primera obra con uno de los grandes sellos editoriales, Palmeras en la nieve (ambientada en la exótica isla de Fernando Poo), La reina de las lavanderas, de Carmen Gallardo, El reino del azahar, de Linda Belago (entre Roterdam y Surinam en el siglo XIX) o Miel y almendras, de MahaAkhtar (en el Beirut actual). De forma paralela, este boom se refleja también en la novela romántica tradicional y a caballo con la denominada chick lit, así como en su vertiente  fantástica. Se produce el éxito de Lena Valentí y su Saga Vanir y autoras como Megan Maxwell dan el salto a los grandes sellos editoriales para convertirse también en superventas. Pero es en 2012 cuando se confirma esta tendencia, a niveles insospechados, con el fenómeno E. L. James y la trilogía de las Sombras de Grey, de la que rápidamente se compraron los derechos para adaptarla al cine.

Porno soft o soft sado

En este caso el salto narrativo se produce de lo amoroso y sentimental a lo erótico y carnal, porno soft como se denomina, y su éxito supera con creces incluso el de Dueñas, que ese mismo año publicaba otro éxito de ventas, Misión Olvido, con idéntica estructura literaria que su anterior novela.  Y, del mismo modo que pasó con El tiempo entre costuras en otro género narrativo, la obra de E.L. James, dado su éxito, se convierte en paradigma comercial y las grandes editoriales publican y se vuelcan con autoras y títulos en sintonía con ella. Al poco tiempo, otra trilogía erótica, en este caso de Sylvia Day, arrasa también en la lista de ventas. La obra anterior de Day no había pasado desapercibida, pero su nivel de ventas era muy modesto. Es a raíz de Las Sombras de Grey cuando alcanza el status de superventas. Como dato ilustrativo de esta marca o huella comercial, Rossella Calabró  acaba de publicar una parodia cómica, Las cincuenta sombras de Gregorio, y un kamasutra para las escenas más ardientes de esta trilogía, El kamasutra de Grey, de Laura Elías, aunque ya en 2012 se había publicado un libro para iniciarse en el soft sado inspirado también en la obra de E.L. James, Cincuenta sombras de placer, de Marissa Bennet.

Motivos de la literatura femenina

Pero, en cualquier caso ¿el hecho de que estas obras comparta elementos narrativos temáticos, motivos, más allá de un rasgo común –ser mujer- en la autoría implica, que se hable (y se tache) de literatura femenina? En una entrevista a Luce Irigaray se le preguntaba si era válido escribir como mujer, si formaba parte de su práctica como escritora. A lo cual ella respondía que “Soy una mujer. Escribo como quien soy. ¿Por qué no sería válido sino por desprecio del valor de las mujeres o por rechazo de una cultura donde lo sexual representa una dimensión subjetiva y objetiva importante? ¿Cómo podría ser mujer por una parte y escribir por otra?” Esa es otra de las claves. El sexo es una variable sociológica que influye en la creación literaria, como el status,  la edad, el nivel de conocimientos, etc. Por eso, si tenemos en cuenta que el acceso de las mujeres a la cultura ha sido bloqueado por un imaginario negativo, una representación indigna de sí mismas, parece normal que cuando acceden al saber y a la producción cultural esa representación heredada e intolerable de sí mismas convierte en acicate y en tema principal. En este caso hablamos de literatura específica femenina. Sin embargo, ésta sólo existe, desde mi punto de vista, en una época determinada (el siglo XIX europeo), cuando las mujeres crean una literatura aparte, sin pretensiones artísticas que se llamó literatura femenina y a la que escapaban las escritoras mejores o más ambiciosas. Fuera de ello, no puede hablarse de una literatura aparte, sino más bien de una contribución específica, una aportación propia, de las mujeres a la literatura universal. No existen diferencias entre lo que escribe una mujer y un hombre cualesquiera simplemente por cuestiones biológicas. Como decía antes, el sexo es un factor explicativo, que no cobra significación si no se le atribuye una significación cultural.

Una cuestión comercial

Las mujeres comparten una posición, una imagen de ellas mismas, un pasado, unos valores, unas vivencias, etc, por su condición de mujeres, pero ninguno de estos aspectos compartidos por el colectivo femenino conlleva la existencia de particularidades en sus obras distintas a las de un autor, es decir, propias o esencialmente femeninas. La cuestión entonces, es una cuestión comercial y de género, literario en cualquier caso, no de sexo. O, entonces, por qué no se engloba dentro de la misma categoría la nueva obra de otra autora superventas, J.K. Rowling, Una vacante imprevista?¿O la obra de Katherine Pancol o Alice Munro? En palabras de Noni Venegas: “No hay escritura femenina. Lo que hay son temas compartidos por las escritoras e inspirados por situaciones culturales comunes.”

Leer: Las sombras de “female” o la verdadera historia de la novela romántica (parte I)

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