Critica Literaria de “Una grieta en la nieve helada”, de Bernardo Atxaga

Critica Literaria de “Una grieta en la nieve helada”, de Bernardo Atxaga

Una grieta en la nieve helada

“La tortura de la esperanza”

por Víctor Fernández

Una grieta sobre la nieve helada narra la historia de un alpinista -Mathias Reimz- que se venga de un compañero -Philippe Auguste –que lo había traicionado con su mujer , arrojándolo a la grieta de la que acababa de salir.

La historia se articula dialógicamente en torno a la figura del narrador y tres personajes: el sherpa Tamng y los alpinistas Mathias Reimz y Philippe Auguste.

Por una lado, en cuanto al narrador, se observa una forma de modalización que la narratología denomina omnisciencia neutral. El narrador cuenta en tercera persona y de modo ubicuo y omnisapiente, gozando así de un punto de vista sobre la historia sin ninguna limitación. En todo momento y en cualquier lugar el narrador conoce no sólo las acciones de los personajes, sino también sus propias conciencias: “A nadie se le ocurrió que en el fondo de aquella decisión pudiera estar el odio”.

Así, al igual conocemos la noticia de que el alpinista ha quedado atrapado en una grieta por medio de un personaje que llega al campamento, también lo hacemos asistiendo a un cambio de escena, es decir, el narrador nos traslada hacia el lugar en el que Philippe ha quedado atrapado: “Philippe Auguste Bloy le dolía la pierna rota y el corte profundo que se había hecho en el costado. Pero, aun así, se iba quedando dormido; el sueño que le producía el frío de la grieta era más fuerte que su dolor, más fuerte que él mismo.”

La historia combina varios estilos dialógicos. Por un lado, se mezclan el estilo indirecto y el indirecto libre y, por otro, el estilo directo. En el primer caso, podemos apreciar en el relato que el narrador se apropia de las palabras de los personajes: “Para su sorpresa, Mathias Reimz comenzó a colocarse los crampones, y pidió que le trajeran una linterna y cuerdas”; distanciándose de este modo del propio personaje. Pero, en otros momentos del relato la distancia entre el narrador y el personaje se reduce, por medio del estilo indirecto libre, dando lugar también a cierta ambigüedad, por cuanto observamos que la voz y la visión del narrador se diluyen en mayor grado en las del personaje: “Era él quien debía arriesgarse, era su deber.”

Por otro lado, en cuanto a los personajes se refiere, para lograr un análisis más exhaustivo, es factible aplicar el modelo estructural – actancial..

En relato podemos distinguir entre varios tipos de actantes. En primer lugar, uno de tipo

trascendental y cuya carga semántica envuelve la historia. Se trata del destino, o el azar. Así, la acción se genera en base a un hecho que, predestinado o azaroso, origina el relato: “en el campamento el sherpa Tamng llegó con la noticia de que Philippe Auguste Bloy había caído en una grieta”. Y es esa fuerza sobrenatural, casi divina, simbolizada por La Montaña, la que parece decidir el transcurso y el desenlace de la historia: “Sin embargo, La Montaña te ha juzgado por mí, Phil, y por eso estás ahora aquí, porque te ha condenado.” Por eso, la esperanza de Philippe de escapar de la grieta se produce porque (¿quién sabe por qué?) su enemigo, Mathias, olvida recoger las cuerdas que había utilizado para descender a la grieta.

También se aprecia un tipo de actante subjetivo: el odio. Mathias no ayuda a Philippe porque éste le había sido infiel con su mujer. Pero en lugar de acabar con él de forma rápida y directa, e impulsado por ese odio extremo, decido que su “amigo” debe sufrir más que eso, porque debe saber cuánto lo odio por su traición. Entra en escena así otro actante subjetivo fundamental: la esperanza..

Si en un primer momento podemos llegar a pensar, en base a lo que nos dice el narrador, que por azar, o por costumbre, Mathias olvida recoger las cuerdas (“Pensó, por un momento, en la muerte dulce que le esperaba en el fondo de la grieta. Sin embargo, la ilusión aún estaba allí, en su corazón, y le susurraba un «quizá» que no podía desoír. Al

cabo, tenía suerte. El destino le había concedido una oportunidad.”); más adelante, al final del relato, aclara que la esperanza de salvación había sido otro mecanismo más de tortura, haciéndole creer que podía salvarse para, luego de haber salido de la grieta, empujarlo de nuevo hacia el fondo.

Por último, en cuanto a la temporalidad se refiere, cabe destacar la presencia de discordancias entre el orden cronológico de los acontecimientos que constituyen el tiempo de la historia y el orden en el que el discurso se presenta.

Quizá la discordancia más significativa sea la que remite al por qué de la historia, más exactamente del odio que impulsa a Mathias a matar a Philippe. Mathias habla y se remonta a su adolescencia: “Vera y yo nos conocimos siendo aún muy jóvenes, Phil —continuó Mathias—. Tendríamos unos quince años, ella quince y yo dieciséis … No sé, puede que el enamoramiento cambie la sensibilidad de los ojos. Y ahora es casi lo mismo, Phil, no se han borrado aún aquellos sentimientos de cuando tenía dieciséis años. Ni siquiera se borraron cuando nos casamos, y ya sabes lo que se dice, que el matrimonio acaba con el amor. Pues en mi caso, no. Yo sigo enamorado de ella, siempre la llevo en mi corazón. Y por eso conseguí subir al Dhaugaliri, Phil, porque pensaba en ella, ¡sólo por eso!”; .para hacernos ver que la raíz de su dolor es el engaño amoroso. Y en este sentido también apreciamos otras anacronías: “Vera y tú en el hotel Ambassador de Munich, cogidos de la mano, el dieciséis y diecisiete de marzo. O en el Tívoli de Zurich, el diez y once de abril. O en los apartamentos Trummer de la misma Ginebra, el doce, trece y catorce de mayo.

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